El oso y el árbol pasaron juntos el invierno. Poco antes de que llegara la primavera, comenzaron a despertar.

El oso se despertó con la sensación de que no quería volver a comer animales. Era extraño, ¿de dónde le venía ese pensamiento? Sin embargo, más allá de toda razón, lo tenía muy claro, de ahora en adelante buscaría otra forma de alimentarse.

-¿Qué es lo que más me gusta?- se preguntó.

¡Dulces! ¡Eso sí que le gustaba! Miel, caña de azúcar y golosinas.

La decisión estaba tomada, a partir de ahora se alimentaría de dulces.